lunes, 12 de noviembre de 2007
De mi relación con él
Nació de la forma más natural, bajo el frío seco de una noche de enero. En realidad tampoco fue cosa de una noche... se fue fraguando desde un poco antes ya, pero cuando ocurrió (cuando nos decidimos a dar un paso al frente) fue con la mayor naturalidad posible, como si fuese el siguiente escalón a subir. De aquellos días ahora sólo recuerdo los nervios y también las inseguridades. Y también que acostumbrados a estar solos muchas veces los dos nos comportábamos el uno con el otro como capullos. ¿Y la cosa como siguió? Pues yo diría que estupendamente, y prueba de ello es que a día de hoy las cosas aún sigan marchando. Cuando digo esto mucha gente se lo toma como que estoy diciendo que lo que tenemos es perfecto (nada más lejos de la realidad, muchas veces con el carácter que yo tengo la perfección es de difícil alcance... y él, como cualquier otro ser humano, también tiene sus fallos) o irrompible (en realidad la cosa se rompe muchas veces, pero ahí estamos los dos para nuevamente volvernos a unir). Nuestra relación es una relación NORMAL, como la que tiene tu padre con tu madre, tu vecino con tu vecina, o tú mismo/a con tu pareja. Por lo tanto está sujeta a altibajos o a momentos de subidón. Ahora sí, lo que yo tengo claro a día de hoy es que pese a los problemas que puedan surgir, las cosas que me gusten más o menos de él (y viceversa), es con él con quien me veo un camino en la vida, mi amigo, mi hermano, mi compañero del alma. Porque sin él a mi lado yo no sería quien soy a día de hoy, y mis inquietudes, seguramente, habrían ido por otros derroteros. Pero ahí estuvo él para tenderme la mano, y yo, con todas mis esfuerzas, me aferré a ella. Por eso ya no me suelto.
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