miércoles, 30 de enero de 2008

Falta de hipo

Últimamente he caído en cuenta de mi falta de hipo. Cuando era pequeño tenía hipo dos o tres veces por semana, ininterrumpidamente durante varios minutos y en algunos casos incluso horas. Ni tras un susto, ni tras taparme la nariz y saltar con la cabeza apuntando a los pies, ni siquiera bebiendo 4 litros de agua se me pasaba. Podía estar horas y horas rebotando hasta que me dormía y a la mañana siguiente había desaparecido.
Esporádicamente, y cada mucho tiempo, de vez en cuando tengo un hipo. Pero sólo uno, como recuerdo del que se fue para no volver.
La abuela de Nath dice que el hipo en los jóvenes es para crecer, y en los mayores anuncia la muerte. Y en sus sabias palabras debo entonces reconocer el hecho de que debo alegrarme por no tener hipo.

domingo, 27 de enero de 2008

Caperucita Roja v.2008

La caperucita roja de 2008 se calza las manoletinas Mustang, se sube las medias hasta la cadera y atusa su falda de Pimkie. Cubriéndose los hombros con su capa roja mira por la ventana y ve lluvia. Se tapa con la caperuza, para que no se le rice el pelo, y baja la cuesta cargada con las revistas del cuore que su madre ha comprado para su abuela, que está enferma. Por el camino se le acerca un yonki y le pide un euro para un bocata. No llevo suelto. El yonki le ofrece recargárle el móvil si le hace una mamada, y caperucita le tira las revistas y aprovecha para salir corriendo dirección a casa de su abuela. El yonki la sigue de cerca. Cuando llega a la casa baja toca al timbre desesperada, pero nadie abre la puerta. La abuela, que lleva dos semanas sin que nadie se haga cargo de ella, probablemente esté muerta dentro de la casa, fallecida en total y absoluta soledad por hijos que la ignoran. Así que al final el yonki viola a la niña en el propio portal de la casa, y cuando la pobre queda inconsciente debido a la impresión, le roba el mp3, el monedero, y las bragas como trofeo.

miércoles, 23 de enero de 2008

El espacio exterior

Desde hace unas semanas los dos días que voy a casa de Álex le hago un dictado. Comencé con Ricitos de Oro, pero después de ver el poco interés que el épico cuento de la rolliza niña despertaba en él decidí pasar a temas mayores (o mejor dicho a temas de mayores, como él los llama). Si la semana pasada fueron los volcanes y la erupción del Vesubio, ayer Álex se interesó por la composición del universo. El tema elegido por él mismo fue el planeta Plutón.
En un momento dado, mientras le resumía los pormenores del helado astro, Álex me preguntó que qué era el cielo. Y yo le dije que el cielo era el universo. Cuando las luces del día se apagan y miramos al horizonte desde nuestra ventana, es la inmensidad del espacio exterior lo que observamos.
Álex se encogió de hombros y me dijo que qué pequeños somos. Sonreí y asentí, tan pequeños como una gota de lluvia perdida en un océano.

lunes, 21 de enero de 2008

Derechos de imagen

Lo que le llamó la atención fue su propio rostro observándole desde la camiseta de la chica que tenía sentada frente a él en el autobús, camino al trabajo. Primero le hizo gracia verse cubriendo el torso de otra persona, y después, la gracia se tornó inquietud cuando, de camino a la oficina, se encontró con su cara nuevamente en bolsos, zapatos, sombreros e incluso pendientes.
Unas semanas después le llego una carta al buzón, con su cara también en el sello. Una citación judicial. Según pudo saber a través de sus abogados, le habían denunciado por uso inapropiado de de propiedad intelectual privada sobre la que él no tenía ningún derecho, es decir, su propio rostro. Puedo comprobar entonces que alguien ajeno a él lo había registrado.
Y en el juicio la razón se le dió a la compañía, pues al preguntársele al hombre que si él, en algún momento, había patentado la exclusividad de su semblante, tuvo que decir que no, y todos los derechos sobre el mismo se los quedó la sociedad anónima que sí los había registrado en toda su peculiaridad palmo a palmo.
A partir de ese momento no sólo comenzó a verse por todas partes con más frecuencia, sino que por cada vez que se miraba en el espejo, ya fuese para afeitarse, lavarse los dientes o reventarse un grano, se le sustraía una cierta cantidad de su cuenta bancaria que iba a parar a las arcas de la entidad denunciante, dejándole no mucho tiempo después en total bancarrota (pues era inevitable el no observarse aunque fuese sobre un charco en un día de lluvia...).
Poco antes de morir por hambre pudo verse a sí mismo observándose desde la pared, pues la mirada inquisitiva de sus propios ojos fueron los que le sentenciaron a muerte, y la sonrisa de su retrato el mazo sancionador de tan funesta condena.

viernes, 18 de enero de 2008

Té al melocotón

Con la punta de los dedos rozo la cubierta del despertador. ¡La alarma está apagada! me levanto estrepitosamente de la cama y enciendo la luz. Las ocho en punto. ¡Mierda, me he dormido! Automáticamente mi cerebro grita: ¡ropa! y cojo la camisa que cuelga del portón. Corriendo voy al baño a lavarme la cara. Intento no estrangularme con la corbata. Me termino de vestir. Me calzo, Cojo las llaves. Meto en mi mochila todo lo indispensable y salgo de casa. Subo la calle. Dentro del metro decido tronarme los oídos al ritmo de Daft Punk para desconectar. AroundtheworldAroundtheworld. Harderbetterfasterstronger. Bajo la calle. Tuerzo a la izquierda. Luego tuerzo a la derecha. De nuevo a la izquierda. Luego a la derecha otra vez.
Cuando llego las dos me están esperando con una sonrisa, y me reciben con una taza de té al melocotón sobre mi mesa.

miércoles, 16 de enero de 2008

Los peligros de la DS

Voy sentado en el metro, absorto en la música que escapa por los auriculares de mi mp3 y en la pantalla de mi Nintendo DS, cuando de pronto noto una presencia sentada a mi derecha. Miro por el rabillo del ojo, y observo a un niño embelesado con la partida que estoy jugando. Intento ignorarle y continúo con el juego. Una sombra se proyecta sobre la pantalla superior de la DS. Otro niño. A éste ya le miro fijamente, pero haciendo caso omiso también examina de manera impertinente la videoconsola. Vuelvo a intentar concentrarme. Game Over. Una y otra vez caigo presa de los pinchos, de las setas asesinas y los caparazones de tortuga. Y mientras más y más niños se van apelotonando frente a mí, arañándose unos a otros por intentar visionar la pantalla dual de mi videoconsola, en una orgía de ojos y murmullos que perturban mi, hasta entonces, parcial tranquilidad (ya se sabe, todo lo tranquilo que puede ser uno dentro de un vagón de metro). Es entonces cuando decido poner punto y final. Cierro las dos pantallas, meto el lápiz en el agujerito diseñado para tal oficio y me levanto. Tras de mí los niños se sorben los mocos que les produce el disgusto de no poder seguir voyeurizando sobre mi partida, y poco a poco vuelven al lado de sus impertérritas madres.

lunes, 14 de enero de 2008

Dormir con Sergio

Dormir con Sergio son abrazos por la espalda, besos entre sueños, sus pies contra los míos pidiéndome calor. Me gusta sobretodo cuando yo me pongo boca abajo y él me abraza por encima, cuando junta su pierna a la mía o cuando sus dedos rozan mi cadera.
Aunque como siempre, todo positivo tiene su contrario, y en este caso son las patadas, sus conversaciones entre sueños (ininteligibles, pues no son más que balbuceos, pero con la calidad sonora suficiente como para despertarme...), o las veces que, bajo una pesadilla, sus bruscos movimientos y voces me despiertan (y juro que esto es cierto, como aquella vez en que rompió violentamente mi sueño porque según él su cuerpo estaba siendo invadido por una horda de arañas).
Aún así yo olvido lo segundo, y cada noche que vuelvo es buscando lo primero, la calidez de sus abrazos y sus caricias despertándome a la mañana siguiente.

jueves, 10 de enero de 2008

Paz, pelota, regalo y superhéroe

Dos días a la semana, durante dos horas, voy a casa de Álex, de siete años, para controlar que haga los deberes, darle clases de inglés, y motivarle intelectualmente en general. A veces, para que las clases no se hagan monótonas y aburridas, me invento algún juego, y la semana pasada se me ocurrió uno bastante interesante. Dándole cuatro palabras al azar él tenía que escribirme un cuento, y las que elegí son las cuatro que dan título al post de hoy.
El cuento que Álex se inventó era tal que así:

Érase una vez un pueblo donde había mucha paz, pero de vez en cuando venían unos malos. El superhéroe del pueblo, al que le gustaba mucho jugar, quería tener una pelota con la que poder entretenerse, pero como no tenía ninguna y su cumpleaños estaba cercano su abuela decidió regalarle una, así que desde entonces se dedicaba a derrotar a los malos dándoles pelotazos en la cabeza y dejándoles inconscientes. ¡Y tan sólo tenía siete años!

¡Como podéis ver el pequeño Álex es todo un escritor de best-sellers en potencia! :)

miércoles, 9 de enero de 2008

75 años

Aquel que haya visitado la facultad de Filología (Filosofía y Letras) de la Complutense se habrá topado de bruces con su singular distribución y el verde-azul de las baldosas que decoran los pasillos. Una ornamentación cuanto menos singular. Sin embargo, en la época que fue inaugurada, allá por el lejano 1933, la cosa era radicalmente opuesta, pues era estandarte de la modernidad de la capital con su vidriera art-decó, su ascensor de funcionamiento similar al de una noria, y las clases impartidas por Dámaso Alonso, Ortega y Gasset y otros muchos grandes.
El edificio, además, sirvió literalmente como campo de batalla durante la Guerra Civil (de hecho si entráis por la cafetería aún pueden verse marcas de bala en las paredes), y quedó semiderruído (algo parecido a lo que ocurrió con la faculta de Medicina). Toda una pena que los de la UCM estén demasiado ocupados despilfarrando el dinero en monerías y no en restaurar edificios históricos del campus (porque la verdad que a la pobre facultad, ahora llamada "A", la tienen bastante abandonada...).
En fin, que todo lo anterior viene a que hoy me acerqué con Sergio para recoger al fin mi título de licenciado y para devolver unos libros atrasados, y nos encontramos con una exposición en el hall donde cuentan esto y mucho más, ilustrado con varias fotografías de la época. Yo ya lo sabía, pero lo que tenemos es una joya olvidada y un edificio que, si se le sacase el partido que tuvo antaño, podría volver a lucir como es debido y no como una burla ridícula (que es en lo que se ha convertido hoy en día tal y como se encuentra) de lo que fue.

martes, 8 de enero de 2008

El mensaje de Orwell

Estos días estoy releyendo Nineteen Eighty-Four, porque al final decidí ponerme de nuevo con la investigación. Me compré una edición de segunda mano del 89, y estoy destrozándola a golpe de boli. Me horroriza un poco hacer esto (soy de los que escogen sus libros teniendo en cuenta que las cubiertas estén inmaculadas, que no tengan dobleces ni rotos, y de los que leen los libros sin maltratar el lomo, casi sin abrirlos para causarles el menor daño posible). El caso es que leyendo algunos artículos de crítica hacia la obra de Orwell, muchos se preguntaban que si la obra, superada ya por la fecha profética que le da título, había perdido vigencia 60 años después de su publicación:

For whom, it suddenly occurred to him to wonder, was he writing this diary? For the future, for the unborn. His mind hovered for a moment round the doubtful date on the page (April 4th, 1984), and then fetched up with a bump against the Newspeak word 'doublethink'. For the first time the magnitude of what he had undertaken came home to him. How could you communicate with the Future? It was of its nature impossible. Either the future would resemble the present, in which case it would not listen to him: or it would be different from it, and his predicament would be meaningless.
(Nineteen Eighty-Four, p.9)

Nuestro presente (su futuro) ¿es igual o diferente al narrado por Orwell? ¿es una mezcla de ambas cosas? Y es aquí donde radica mi interés por la obra. Para mí, entender la raíz del totalitarismo expuesto por Orwell significa no desoír su mensaje, no hacer que su aviso se convierta en un sinsentido, para de este modo contradecir la afirmación del propio autor de que es imposible contactar con el futuro, pues hasta aquí, hasta 2008, su mensaje al menos a mí (y a otros tantos) ha llegado. Y es cuando el pasado se funde con el futuro cuando es posible cambiar el presente.

lunes, 7 de enero de 2008

Move on!

Hoy he tenido uno de esos días pesimistas en que lo ves todo del revés. Quizás haya influído el tiempo gris. Quizás que me he pasado la tarde viendo capítulos de "Afterlife" que me dejó Sergio. Lo cierto es que me he pasado la tarde dándole vueltas (de nuevo) a mi incierto futuro e intentando (de nuevo) decidir qué quiero hacer con mi vida, y la única conclusión a la que he llegado (que es a la que llego siempre) es que no tengo ni idea. Porque el trabajo que tengo ahora no es en el que me quiero quedar el resto de mi vida, y porque no tengo muy claro que una vez lea mi tesis sea a la docencia a lo que quiero dedicarme. Tal vez mi problema es que soy un indeciso, o tal vez es que soy demasiado ambicioso y nada me vale. Y esto me lleva a plantearme que por qué debo conformarme, por qué no puedo pedir más, más, más... más hasta hartarme, hasta que me quede sin fuerzas de pedir más y más, hasta que no haya nada más que pueda pedir. Hasta que lo que pida me haga sentirme estable y no sobre un balancín que a la mínima amenaza con tirarme.

jueves, 3 de enero de 2008

Oscuro

¿Cuanto tiempo había estado sin sentido? Cuatro, cinco horas... el tiempo se desdibujaba a la vez que caía en cuenta de que estaba perdiendo sangre por la cabeza. Me llevé la mano al bolsillo encontrando allí un pañuelo. Suficiente para cortar la hemorragia.
En ese mismo instante me percaté de que me encontraba en absoluta tiniebla. ¿Me había quedado ciego debido al golpe? Deslicé los dedos frente a mi cara, percibiendo un sutil movimiento. Conservaba la visión.
Me incorporé como pude. Un latigazo de dolor me recorrió las piernas y el tronco. No sólo me había lastimado la cabeza. El resto de mi cuerpo no se hallaba en mejores condiciones.
¿Pero qué había ocurrido? Intenté retroceder en el tiempo a través de mis recuerdos. La cena en el salón, el baile. Una chica rubia me sonreía. Me encontraba algo mareado por el alcohol y decidí retirarme a descansar. Y entonces ésta oscuridad. No llegaba a comprender nada de lo que me estaba pasando.
Me giré, y al levantar la vista observé un resplandor azulado. Fue al acercarme cuando comprendí todo. Delante de mis ojos, y a través de la escotilla de mi camarote, frente a mí se desdibujaba la inmensidad del océano. Mi tumba.

miércoles, 2 de enero de 2008

Miedo a morir

Aceptar la muerte significa admitir plenamente su inevitabilidad, resignarse a sucumbir ante ella y no dramatizar sobre el punto y a parte que ésta significa en la vida del individuo al que ataca. Yo acepto totalmente mi muerte. Pero a la vez, yo temo a la muerte. No temo el hecho de morir en sí, que más o menos doloroso termina en plácido sueño; temo lo que queda tras de mí y de lo que fuí: la gente que sufrirá por mi ausencia, el recuerdo que se desvanece, el mundo continuando incesante su ciclo sin mí, las ciudades que caerán y se levantarán mientras yo duerma, la vida sobre la tierra continuando su ciclo infinito (a nuestros ojos) produciendo cambios y alteraciones en la vida.
Me da miedo, finalmente, desvanecerme de la crónica del mundo (¿no es la supervivencia indefinida e infinita el fin último de todo ser vivo?). Me da miedo no trascender, y que, como escribió un sabio guionista dando voz a un androide herido, no ser más que "lágrimas en la lluvia".
Felíz 2008.
:)