Últimamente me encuentro arañándole horas al reloj. Hasta hace pocas semanas he estado intentando estirar mis días acostándome más allá de la medianoche. Los días siguiente os podéis imaginar en qué estado me encontraba... ni todo el café y té verde del mundo conseguía despertarme... y me pasaba las horas en la oficina en total estado de ensoñación, golpeando mi mirada contra la pantalla y dejando rebotar los dedos sobre el teclado. Por la noche, de nuevo, a la cama más tarde de las doce, y otra vez vuelta a empezar en un círculo vicioso que para lo único que sirve es para prolongar mi estado de sueño e irritabilidad.
De vez en cuando, una noche a la semana, se me agota la batería y caigo rendido sobre mi cama. Y me prometo una y otra vez que dejaré que fluyan las horas mientras yo dormito en la absoluta oscuridad de mi cuarto. A la noche, de nuevo, vuelvo a aferrarme al minutero del reloj, y con ojos como platos observo detenidamente el pasar de las horas y mi oportunidad de, a la mañana siguiente, despertarme lúcido y lozano.
Sin embargo, cuando despierto, y consciente de que estoy hipotecando mi tiempo, no puedo evitar más que pensar que a diario se me escapan las horas.
3 comentarios:
No es que quiera eludir el transcendental mensaje de este post, pero...
¿podrías porfaporfaporfaporfaporfaaaaaaa escribir un post-homenaje a las Vanes de tu clase del CAP de 2º de la ESO? Es que desde que dejaste el comentario en mi entrada, no dejo de imaginarme cómo serán esos comentarios dignos de la Loka...
jajajaja lo haré no te preocupes... mereces saber lo del tanga :-S
Guapo!
Claro que se nos escapan horas, sobretodo cuando trabajamos, pero es lo que hay... comparte algo con Lichi y conmigo ^^
Yo tb quiero leer lo de las clases del CAP, que siempre mola más ^^
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