martes, 19 de agosto de 2008

Celos, ropa, y un paseo calle abajo

Sólo alcanzo a oir dos frases: Te gusta ir vestida así porque te gusta que te miren y ¡Estás metiendo la pata totalmente!.
Yo estoy sentado frente a mi ordenador, con un cuaderno sobre el teclado tomando apuntes y un libro sobre mis rodillas (como siempre), cuando los gritos entran a través de la ventana. Intento concentrarme en mi tarea e ignorarlos, pero me es complicado. No les veo las caras, sólo de barbilla para abajo. Él agita los brazos violentamente, mientras ella se los lleva, imagino, a la cara, y su cuerpo convulsiona en estallido de lágrimas. El ruido de los coches no me deja escuchar qué dicen, pero en un momento en que se hace silencio total en la calle estas dos frases llegan hasta mis oídos.
Por la noche veo Closer, y decido que la chica de la ventana es como Alice, el personaje de Natalie Portman. Y me la imagino caminando calle abajo por la Gran Vía, hacia plaza de España, como cuando Alice (o Jane), al final de la película, camina calle abajo hacia West 47th St., marcando pechos en una camiseta de tirantes blanca y con la tira del sujetador cayéndole sobre el hombro. Todos los que pasan por delante de ella se giran para observarla.
Aunque yo no soy de los que creen que ninguna mujer, o ningún hombre, se vistan para provocar. El efecto de la ropa en realidad es curioso, pues te hace sentir más o menos atractivo según cómo la combines; pero la lascivia está en el que mira, y los celos, independientemente de lo que uno u otro vista, son parte de uno mismo.

2 comentarios:

ty dijo...

Muy buen texto. Me gusta. Tienes mucha razón cuando afirmas que la lascivia está en el que mira.
Un saludo,
Sara.

Enfermera De Guardia dijo...

Qué recuerdos CLOSER... y la bellísima Alice, qué dulzura.