Soy el único en la barra del bar. El resto de la gente, en parejas o soledad, se sienta en las mesas tras de mi. No les importará pagar el recargo, supongo, pero yo, desde que dejé mi último trabajo, siempre me siento en la barra. No sólo por ahorrar, sino también para poder observar a los demás. Hago tiempo. Hoy, por cuarta vez en dos meses, tengo una nueva entrevista para un trabajo basura. En momentos así, mientras juego con el croissant y le doy vueltas al café, reviso la agenda de mi teléfono, para ver a quien podría llamar. Por hacer algo. Me doy cuenta entonces de dos verdades irrefutables:
a. No tengo casi amigos.
b. Los pocos amigos que tengo tienen una vida.
Así que me vuelvo a meter el teléfono en el bolsillo, bebo mi café en cortos tragos para estirarlo, y mientras sigo quemando el tiempo hasta la hora de la cita.
5 comentarios:
comparto esto..siempre me pasa igual, al final no llamo a nadie y sigo como si nada
La próxima vez te llamo a ti... jejeje así al menos la espera en la cafetería es menos deprimente.
pq no me llamaste? ya deberias saber que mi vida es una puta mierda y si no fuera por los momentos con vosotros no valdria nada!!!!!
Yo mañana te llamo y te torturo en cuanto se vayan los de la oficina, que será a la hora de la siesta... mañana no tengo jornada intensiva :(
Quedar con la gente es un coñazo. Casi mejor así.
A veces es preferible observar, imaginarte cómo podrían ser las cosas. Cuando un número de teléfono se materializa convirtiéndose en dos cafés y una conversación acerca de nada, te das cuenta de que lo mejor es guardar a las personas en tu agenda y dejarlas ahí hasta que te veas en un apuro económico, o necesites echar un polvo. (Si eres puta puedes matar dos pájaros de un tiro.)
No estés tristes. Todo el mundo está solo.
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