sábado, 15 de diciembre de 2007

Cristina

Uno de los primeros días de clases de italiano, en 1º de carrera, se abrió de golpe la puerta 20 minutos después de que comenzase la clase y entró por la puerta una chica espectacular. Rubia, de ojos azules, alta y guapísima. Miró a su alrededor y se sento en la primera silla vacante que había, al lado de otra chica para gorronearle el libro que no tenía. Era Cristina. Con ella se experiementa lo que yo mismo denomino el "repelente de la tía buena", se convierte en una especie de jarrón de porcelana china al que todo el mundo mira pero nadie se atreve a acercarse, por miedo a pagar el precio que supondría tocarlo y que le estalle en las manos. Sin embargo fue ella la que vino hacia mí y me preguntó por las clases, los profesores y demás. La pobre había abandonado sus estudios de ingeniería de obras públicas y había venido a refugiarse a filología inglesa. Primer punto en común, puesto que yo también había acabado allí de rebote tras huir de biología. Comenzamos a hablar más, a sentarnos juntos en todas las clases y a descubrir que compartíamos muchos puntos de vista. Cristina, además, sufría por amor: su relación hacía aguas, y a mediados de 2º de carrera terminó por resquebrajarse. Fue entonces cuando nuestra relación se estrechó del todo, pues yo también me sinceré con ella y le hablé de Sergio. De hecho creo que ella fue la primera persona de la carrera en saber sobre él (algo que con el tiempo cambió totalmente, pues al final me dí cuenta que aunque sin necesidad de pregonarlo, tampoco era algo que debiese esconder a nadie...). A partir de entonces nos hicimos uña y carne. Cuando me siento mal la llamo a ella. Cuando ella tiene ganas de llorar me llama a mí, y poco a poco hemos ido forjando una amistad que ha superado los años de licenciatura y que apunta hacia delante. Con ella me río, me divierto, paso mis penas y alegrías. Nuestra relación es pura, sincera y sin dobleces. Hemos compartido noches de risas, tardes de llanto.
Quizás una de las mejores cosas que encontre cuando, tras conocer a Sergio, reconduje mi vida hacia otro lado.

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