lunes, 24 de diciembre de 2007

Luz tenue

8 horas encerrados en el autobús de camino a A Coruña merecieron la pena cuando, sentados en uno de los múltiples bancos del puerto, pudimos finalmente perder la vista en el horizonte del Atlántico. Para mí Galicia siempre ha tenido algo especial desde la primera vez que estuve allí; Luchándo contra el viento de la costa que amenazaba con derribarme, le repetí insistentemente ¡yo quiero que nos vengamos a vivir aquí! una casita al lado de la costa... bajar por la tarde a dar de comer a los gatos del puerto... Nosotros no somos de hacer grandes cosas (o más bien somos de lo contrario, de disfrutar de las pequeñas). Pasear, ir de tapeo, perdernos por las callejuelas.
Caminamos hasta llegar al faro, en uno de esos días rasos en que el filo del frío te corta la cara, y de pronto comenzó a oscurecer. Bajo la tenue luz del eclipse nuestro alrededor tomó un aspecto espectral y frente al oleaje enfurecido, típico de uno de esos días de viento en Galicia, pude captar la belleza del sol doblemente escondido tras la luna y tras la imponente torre de Hércules.
Caminando de vuelta al centro de la ciudad no podía dejar de pensar qué tiene esta tierra que hace a uno sentirse tan especial. Las ganas de mi casita en la costa no se han apagado y cada año de nuevo volvemos a subir hacia el norte, buscando esas cosas pequeñas que tiene este lugar que a nosotros se nos hacen tan grandes.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Sr. Topo, ahora entiendo su afición a ese nuevo juego que tiene loco, una casita y el mar cerca, cierto?

Bueno, tu piensa que nos quedan las "cositas" para alegrarnos las mañanas mientras esperamos que nos toque un algo y así poder tener un pueblo con Elefantas fashion y cosas así...


Juas cómo se me pira la pirulilla a esta hora de la tarde...

Angry Bull dijo...

jajaja calla, que llevo la tarde recolectando peras... necesito más variedad frutal.