El viento gélido de enero endurecía las lágrimas que corrían sobre su rostro. A su alrededor la confusión producida por el cambio de entorno nublaba su vista y sus restantes sentidos. Las voces de los otros se le antojaban enigmáticos zumbidos, y se sentía desesperada ante la incapacidad de poder descifrarlos. Se aferraba con fuerzas, abrazada, a la espalda de su hermana. Apretando los ojos, intentando así que todo lo extraño, todos los extraños, desaparecieran.
Éste es el primer recuerdo que guardo de ella.
Ayer, mientras ensimismado me dirigía hacia el metro camino a casa de Sergio me topé con ella. Esta vez a quien apretó con todas sus fuerzas fue a mí, contándome con su abrazo mudo cuanto me había echado de menos. Y yo a tí.
Es curioso como puedes reencontrarte con alguien, después de tanto tiempo, y sin embargo sentir una victoria al correr del tiempo, como si este, con respecto a esa determinada persona, en un momento fijo hubiese quedado paralizado.
3 comentarios:
Es que los abrazos mudos son los mejores ;).
Esa sensación suele ser escasa, pero es brutal :)
que es de lam? hace mucho que no sabia de ella! no te olvides que hemos quedado para comer esta semana pequeño!
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