Que cuando mi abuelo le gritaba y levantaba la mano, ella siempre se escondía en el cementerio, y allí, entre lápidas, recuerdos borrados y llantos ajenos, encontraba la tranquilidad que necesitaba para mantener la calma.
También que se marchó de su pueblo tras la guerra (sus recuerdos más vividos de entonces son las noches en el jardín, mirando hacia el cielo cuando las sirenas sonaban anunciando bombardeo; la rendición y ocupación de su casa por el ejército nacional, por ser sobrina de un concejal socialista, y los intentos de violación a las otras chicas de la casa por parte de los soldados moros), buscando en Madrid la prosperidad que la posguerra le había negado allí donde nació. Y que lo que encontró fue una habitación compartida con sus tíos en Vallecas y un trabajo como costurera para una congregación de monjas que, horrorizadas por no estar bautizada, la obligaron no sólo a esto sino también a recibir la primera comunión. Todo de una vez.
Que a mi abuelo le conoció en la boda de unos amigos, y aunque al principio no le gustaba terminó por salir (y casarse) con él. Él siempre se caracterizó por su cobardía: la que demostró al salir huyendo de la Casa de Campo al escuchar las metrallas de los nacionales acercándose, al casarse aún no queriendo a mi abuela (pese que finalmente ella sí se había enamorado de él), y al morir por la cobardía de no ir al médico para que le diagnosticase el dolor que le oprimía el pecho.
Mi abuela tomó el gesto absurdo de caer en depresión al morir él (y entrar en detalles sobre su complicada relación me llevaría una nueva entrada completa) .
Me contó que el día que se casó mi madre, con veintiún años, ella se encerró en uno de los lavatorios y vomitó hasta que se le nubló la vista. Y que cuando mi madre le dijo que se casaba con un hombre catorce años mayor que ella la cogió de los pelos y la dijo que la iba a matar. Y que de eso era de lo único que se acordaba cuando el amargo de sus jugos intestinales provocaban el llanto de sus ojos secos.
Que pasaba las noches en vela, con mi hermana y conmigo en brazos esperando a que volviese ella de madrugada del trabajo, y que cuando mi madre aparecía yo daba palmas y estiraba los brazos para que mi madre me besase. Que a la primera persona que llamé mamá no fue a mi madre, sino a ella, y halagada, a la par que avergonzada, se propuso el corregirnos a mi hermana y a mí para que mi madre no pensase que intentaba ocupar su lugar.
Que desde que estoy a su lado se siente algo menos vacía y que los ratos que los dos pasamos juntos en su casa la hacen sentirse más activa. Que es así, no estando sola, como se siente más viva y como todos sus recuerdos, a través del recipiente en que yo me convertí, toman forma y permanecen en forma de entrada escrita.
7 comentarios:
Y como Corina, esto también debería leerlo ella, si puede ¿?, por que es precioso, por que pense que se lo dedicabas a ella por que ... (no diré las palabras) y no, es por que quieres, por que la quieres y eso se ve.
Un abrazo
hay que escribir todas esas historias abueriles que nos cuentan, para que perduren...muchas se han quedado en aquella época y no viven en esta. En qué época te quedarías tú? ¿crees que estás viviendo la mejor época de tu vida?¿crees que tendremos historias tan interesantes que contar como nuestras abuelas?
Que bonito, me he emocionado mucho, entre otras cosas porque me ha hecho pensar mucho en mis abuelas, que las dos tuvieron unas vidas increibles, que superan cualquier ficción, y que merecen la pena recordar siempre...Cada vez que leo tus posts más ganas tengo de hacerme un blog :)
besin
cuando leo cada uno de tus blogs me dan unas gans inmensas de llorar, pero no amargamente sino pq evocas una serie de recuerdos en mi, de momentos vividos, de los que no he podido vivir, de los que recuerdo y de los que quiero olvidar. Y claro, haces que me ponga ñoña, que piense en mi agu, que te extrañe mucho, que piense en lo maravillosa que es la vida cuando alguien tiene amigos que cuentan historias tan bonitas y convierten lo cotidiano en un arte!
Tatú: ella no lo ha leído porque de hecho el otro día me decía que no entendía lo de los blogs (cosas de abuelas jejeje), pero sabe lo que la quiero porque vivo con ella e intento hacérselo ver día a día.
Lichi: Yo creo que la mejor época que vivimos es siempre el presente, al menos soy incapaz de juzgarlo parcialmente. Es después, con la vista echada atrás cuando te das cuenta de si ha merecido la pena o no los acontecimientos vividos. Pero yo soy de los que piensan que todo tiene un sentido. Así que sí, tendremos historias tan interesantes como las de nuestras abuelas para contar.
Cori: Yo por lo poquito que se de tus abuelas (lo que me has contado tú) creo que te daría para mucho jejeje así que ¡hazte el blog! que no veas lo bien que sienta soltarlo todo.
Cris: Sabes, lo más bonito, lo que más me gusta que me diga la gente, es precisamente lo que me dices tú. A través de lo que escribo sólo intento desnudar mis sentimientos (son sentimientos, pues, lo que siempre lees siempre, y quizás de ahí tu emoción al empatizar con ellos), poner algo de orden en esta cabeza tan loca que tengo (y que tú conoces tan bien). Es precisamente la valoración que hace la gente que me importa la que me interesa, y por eso es un honor para mí cuando tú me dices eso.
Ahora no se el link, pero hay una abuela de 90 años ¿? que tiene un blog, es muy conocido y yo no estoy con lichi, no me hubiera gustado vivir la vida de nuestros abuelos, no quiero vivir una guerra, no quiero que mi vecino sea mi enemigo por que sea de otra ideología, de vivir en una dictadura... no quiero;
casí mejor la de nuestros padres, el fin de algo ("franco ha muerto") y el principio de algo nuevo ("la democracia").
Un abrazo
PD: y estoy con cris, tus post emocionan
Entonces tienes que leer "Cuentos cruentos" de Dino Lanti
http://www.laie.es/html2006/busqueda/detalle.php?fr_codLibro=327783
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