martes, 18 de marzo de 2008

Formas

Tenerle delante, a sabiendas del poco tiempo que ya nos quedaba para disfrutar juntos, acrecentaba el sentimiento de nostalgia. Creo que él también se daba cuenta, porque me estrechaba contra su cuerpo. Yo, sobre su pecho, me concentraba en escuchar latir su corazón. En su aroma y su calor. En la forma de sus dedos y uñas, que me apresaban las manos. Recorrí hacia arriba sus formas. Hasta toparme con sus ojos, siempre escudriñando su alrededor. El baile de sus ojos posándose en todo lo que le rodea, su mirada castaña, que primero observa y después siempre se cae sobre la mía. La forma de sus labios, que se pliega a los bordes. El mechón blanco que le asoma en la coronilla.

Cuando se bajó del coche me giré hacia atrás, y le vi parado en la calle, mirándome. Me fue imposible que no se me formase un nudo en el estómago, y lentamente una lágrima se me escurrió por la mejilla, hasta la boca. Su beso mudo.

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