martes, 8 de abril de 2008

CD regalado

El sonido eléctrico que penetra sus oídos a través de los auriculares se interrumpe violentamente ante la visión dorada del cabello que se posa, frente a él, sobre el respaldo del asiento contiguo del autobús. Separados por el pasillo, contra la ventana, puede ver a una chica. Su mano se desliza suavemente por su falda, acariciando sensualmente el borde. Repiquetea los dedos contra su carpeta, al compás de la música que, a tenor de los cascos que cubren sus orejas, acompasa con sus leves movimientos. No puede acertar a verle el rostro, pues lo tiene girado mirando al exterior, pero para él la contundencia de sus formas es suficiente. El chico hurga en la bolsa que lleva en el asiento de al lado, saca un cuaderno y escribe.
El autobús se detiene.
Al otro lado del cristal Cristina observa a una pareja de novios paseando de la mano entre risas. Sobre sus piernas cae un CD envuelto en una hoja de papel. Se miran a los ojos. Escúchalo y dime qué te parece. Es mi CD favorito. Las puertas se abren y el chico baja. Volviendo la mirada hacia el CD envuelto sobre su carpeta, Cristina lo toma entre sus manos y lentamente lo desenvuelve. En la cara interna de la hoja un número de teléfono junto a un nombre. Abre la tapa de su reproductor e introduce el CD regalado.
Cristina cierra los ojos y se pierde en la marea de sonidos eléctricos que entran a través de sus oídos.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Bonita historia de la vida cotidiana.

N. G. dijo...

Mi historia del CD tiene menos gracia... yo tengo cara de tener ganas de entrar en una secta!

Ayss te tengo que contar lo de mi amiga "francesa"...

Anónimo dijo...

hahahaha! no creí que te acordaras!!!! jajajaja! todavia tengo ese CD! que gracia!!!! me gusta como conviertes en arte mis momentos cotidianos, pequeño, tú tienes un don!