miércoles, 16 de abril de 2008

La soledad del difunto

Para cuando llegó el chico, en medio de la madrugada, la mitad de su cuerpo estaba destrozado. Según me contó Sergio, había tenido un brutal accidente de moto, y los cirujanos, aún sabiendo que poco podía hacerse por él, decidieron intervenirle, por hacer todo lo que se pudiese por su vida. Después de la operación le trasladaron a una de las habitaciones de la U.C.I. Sus familiares no esperaba en la puerta, porque el chico era extranjero y no tenía nadie aquí.
Al día siguente, a la misma hora en que entró en mitad de la noche, el chico finalmente murió.
Mientras el médico que estaba de guardia preparaba todos los papeles, decidieron postponer momentáneamente su traslado al mortuorio hasta unas horas después, y se retiró a la sala de las enfermeras, dejándo al rostro inerte del chico cubierto por una de las sábanas de la habitación.
Se encontraba redactando su parte de defunción cuando, de pronto, comenzó a sonar un pitido, y alzando la vista pudo ver que alguien había llamado a través de un pulsador. Alguien desde la misma habitación donde se encontraba el chico que acababa de morir. Decidió no hacer caso y pensar que la alarma estaba estropeada, y ciertamente, tras un rato paró. Siguió redactando. Y de pronto, nuevamente, desde la habitación del chico muerto el pulsador volvió a sonar. Me contó Sergio que se pasó así buena parte de la noche, parando y sonando, y nadie se atrevió a volver a entrar a la habitación, hasta que se hizo de día y el hospital, de nuevo, se había llenado de voces que tapaban la solitaria angustia del pobre muchacho muerto.

1 comentario:

N. G. dijo...

¿No habrías ido a ver? ...
Sí, ya sé que es lo que no se debe hacer sobretodo si estás en un peli de miedo (por cierto yo tengo una para esta noche), pero en la vida real... yo creo que hubiese ido.

Su triste alma llamaba reclamando una muestra de anhelo hacia su cuerpo, ya muerto.