La tenue luz que se filtra bajo la puerta ilumina levemente la habitación. Hace que a los pies las sombras se estiren y retuerzan, formando tenebrosas figuras. Me llevo la sábana hasta debajo de la nariz y aprieto los ojos. Si lo deseo con todas mis fuerzas, se habrán ido. El viento gira en espiral a través del hueco que da al patio, emitiendo un ligero silbido. El sonido se deforma al llegar a mis oídos; lo interpreto como un quejido de reproche. El parqué cruje al otro lado de la puerta. Alguien camina sobre él, de puntillas. El pomo comienza a girar, lentamente. Su chasquido, al abrirse, araña mis oídos. Sigo apretando los ojos, sin poder evitar el sentir la calidez de la luz artificial contra mi rostro. Alguien ha entrado. Los abro. Frente a mí ella me mira, intentando discernir si duermo o estoy despierto. Se acerca y me envuelve con su inmenso abrazo.
Cuando ella ya se había marchado, cuando ella aún no había llegado, retenía el aroma impregnado en su almohada y conciliaba así el sueño, porque si su olor estaba allí, si ella estaba a mi lado, nada malo podía nunca pasarme.
3 comentarios:
Un bonito relato, Iván.
Te invito a que entres en el concurso del papiro virtual de www.literalia.es
Creo que te vendrá muy bien, y conocerás a gente que escribe casi tan bien como tu.
Un saludo muy grande, y no dejes nunca de escribir!
Ya se ha inaugurado el nuevo blog, I. ha empezado...
¿A quién le toca ahora?
^^
muy romántico, se me ha empalmado mientras lo leía.
Saludos
Publicar un comentario